Simple y de sentido común.

Unos meses de clickie clickie de ratón, me permitieron comprar mi propio Mac. Mis amigos me miraban con cara de corderos cuando me veían, estuve desaparecido semanas. Solo. En mi cuarto. Con una mesa hecha con una puerta y dos caballetes, llena de libros y papeles, con mi reluciente Apple, la impresora A3 y el scanner de 1600 ppts.

Prepare mi primera carpeta. Una exposición de mi “valor” como ilustrador, como fotógrafo y como diseñador. Todo en un pack muy presentado y me fui a cortar el pelo.

Saque una lista de las agencias de la ciudad y llamando una por una. Les pedí una entrevista para mostrarles mis habilidades. Una a una me fueron recibiendo.

La mejor con diferencia, Pepe Barro en Revisión. Pepe, era para mi el referente que quería ser yo de mayor. Me miro con atención el trabajo, hizo criticas, se sentó Jose Diaz y hablamos de una incipiente procesión para mi y de su visión de mi trabajo. Me transmitieron muchos ánimos, sentí que se valoraba mi trabajo. Por entonces tenía una tarjeta impresa en naranja fosforito. Hay que ver!!

Lo peor con diferencia, lo que entonces era Solución. Se quedaron con mi carpeta tres días, no me recibió nadie. Y yo que soy así, les deje la carpeta con un papelillo pegado en el lomo y la solapa del sobre marcada. Me devolvieron la carpeta con el papelillo pegado, así que las frases de apoyo y animo fueron gratuitas, por que nunca abrieron mi book. Hay que ver!!

Se termino la lista de agencias, y empecé a pensar en que la panadería podía ser una alternativa laboral razonable.

Pero me llamaron de una empresa que no estaba en la lista. Me entrevisto una señora encantadora, que ojeo mi carpeta sin criterio. Y lo puedo afirmar porque ella misma me lo dijo años mas tarde, que no sabia que debía valorar de lo que en ella había. Al terminar con la carpeta, me llevo a una habitación de aquellas oficinas, que parecían sin duda alguna, un despacho de abogados. Allí me presentó un ordenador y me dijo:

-¿tu sabes usar esto?

Fue mi Mac y mi despacho durante cuatro años.

Trabajaba como único representante del Dto. Creativo. Yo me lo guiso, yo me lo como todo. Era, y es, una empresa típica. En ella estaba el Señor Supremo, la secretaría de Dirección y yo. El trabajo creativo se realizaba en otras agencias externas y esta era la intermediaría. En unas semanas estaba haciéndolo todo, y como siempre, llevado por la inconsciencia.

Un día por la mañana durante el período de pruebas, al llegar a la puerta me encontré con una chica malencarada, con pinta de haber dormido poco y acting de poco amigos. Traía un talón por los gastos de algo que se había hecho mal, y era una pasta. Mas de lo que ganaba yo en un año. Las miradas del Señor Supremo y de su Secretaria de Dirección mostraban la escasa confianza en mi eficacia. Me sentí como cuando había suspendido mi primer año de escuela, así que nos matriculamos por libre y les dije.

“Aquí no se paga nada, eso esta bien. Seguro”

No debí de sonar muy convincente, por que me metieron en un autobús camino de la fotomecánica. Creo que no querían pasar el bochorno de, encima, protestar.

En el autobús, iba pensando en lo mucho que me quedaba por aprender, en si realmente iba a ser capaz de vivir de esto y cosas por el estilo. Vamos, que yo no lo tenía nada claro.

Al llegar, Carlos me esperaba, y me monta una bronca paternalista a la que no le puedo ni contestar. El sí que va a pasar el bochorno en la protesta.

En la fotomecánica, todo el mundo me mira como un apestado. Ah! Tu eres el diseñador!!. Ahora cuando venga el chico ya te dice con qué la has cagado!!.

Y aparece otro chavalín, como yo, que ante todo manejaba un lenguaje técnico abundantemente mas rico que el mío. Y con una seguridad apabullante explica y me enseña qué es lo que he hecho mal, mostrándome unos plásticos enormes y poniéndole precio a todo, incluso a las horas. Ni me defiendo, el tío no deja de decir palabras que no sé que son y está cabreadísimo. Carlos me mira con cara de “_chavaaaaaaal_”

Y yo hice una pregunta. Simple y de sentido común.
-¿Por qué has filmado éste documento con nombre raro, y no éste otro que se llama “cartelparafilmar.ai”, que además esta en la raíz del disco que te mando y no perdido en una carpeta que se llama “restos”?

El tío, con la misma seguridad me dice otra sarta de palabras y me insta a que, si quiero, filmamos ese que le digo yo, pero que va a pasar lo mismo.

Y le dije: “Fílmalo”

Cuando empecé a ver la filmación sin problemas, recuperé el color y el riego sanguíneo en el cerebro. Ya no era yo el de mirada de cordero sinó todos los que me miraban como a un apestado. Carlos, que aún no había salido del roll paternalista, me dio una colleja y un “Tranquilo, que todos nos equivocamos, y a ti también te puede pasar. Callao, y a dormir tranquilo”.

Normal. Me salía el ego por los poros.

Nunca olvidare esa mañana. Pero mas que por el mal trago, por las reflexiones de los días siguientes.

Por lo demás, los siguientes cuatro años pasaron rápido. Mucho trabajo. Mucho trabajo solo, y mucho entrenamiento.

Hasta que llego Sam. Un día quise dejar de estar solo y argumenté la necesidad de otro creativo. Una nueva forma de trabajar. El Equipo.