Dejé de oir a mis corazonadas. Descubrir…
- Mayo 6th, 2006
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Dejé de oir a mis corazonadas. Descubrir la lealtad.

Ese verano retomaba mi relación con Luis. Era primo del “cuñado técnico”, un elemento que, con rico vocabulario y esgrimiendo un discurso muy solvente, nos convencía a todos de su enorme valor profesional, y de lo atrasados que estamos en el corner Atlántico respecto a la costa Oeste de EEUU.
Lo cierto es que a mi, no me convenció su valía profesional. Pero sí sus cuarenta y tantos, que era primo del director del banco. Y que desde luego parecía mas respetable que yo, que nunca me he tenido, como con muy buena presencia.
Entre unas cosas y otras, alquilamos un bajo ridículo con luz natural y techos altos que lo hacían, si cabe, mas pequeño. Contratamos a un contable concejal del Ayuntamiento e hicimos una campaña para nosotros de marketing directo. En unos meses facturábamos millones al mes y todo iba a pedir de boca. Crecíamos con moderación y yo oía una voz interior, que no era el sonido de mis tripas Que no me dejaba dormir.
Al margen, todo sonaba bien: clientes grandes, facturas gruesas cada mes. Los bancos nos creían y nos envidiaba el prójimo. Y mi voz interior rugía más cuando mejor iban las cosas.
Mi reflexión era una enorme crisis entre el humanismo y el capitalismo.
-¿Cómo mantener el tono agradable y el buen ambiente de trabajo sin perder la eficacia de un equipo?
-¿Cómo ser el jefe y el proyector de las energías a la vez?
-¿Cómo ser el malo y ser bueno?
-¿Qué es eso del reparto equitativo y cuanta información debe tener un empleado?
La cosa terminó en un bajo de cien metros cuadrados con un sofá, las tablas de surf, el snake y un andamio. Poca luz y mucho mp3.
Y ganábamos más dinero. Pero mucho más.
Y la voz se calló. Y habló por mi boca. “Luis, no me dan las cuentas”. Luis contestó a esto a través de un notario. Y hoy, aún no tengo una respuesta convincente.
De esta etapa, me quedo con algo. En esta vida hay sensaciones que son únicas. Querer a alguien, engañar a quien quieres, la soledad, el desamor, querer a quien no puedes. Todas estas sensaciones son rojas, carnosas y viscerales. Y se producen sin saber muy bien a cuento de qué. Con la destrucción de mi empresa con Luis, viví una emoción de este perfil, la lealtad. Una sensación en la que otros individuos, que tienen sus amores y desamores, te dan tanto o más sin que te metas en la cama con ellos. Y de pronto hacen suyas tus metas y caminan a tu lado con cara de malos hacia donde tu digas sin cuestionar si va a ser bueno o malo para ellos. Ellos creen en ti.
Los motivos por los que lo han hecho, no los sé con certeza. Pero infinito agradecimiento para ellos. Guardo una agenda en la que un día escribí “hoy es el peor día de mi vida”. Y en la página siguiente dice “hoy ha sido peor que ayer” Y en la siguiente “hoy ha sido peor que ayer”, y días de “hoy he pensado en asesinato”, “hoy he pensado en suicidio”. Por eso, odio las agendas.
Entonces, se inundo la oficina, litros de historia escatológica fluyeron por los cien metros de la oficina perdiendo equipos, redes, libros, trabajos, y sobre todo, la poca ilusión que me podía quedar
Mi pitiriasis me había convertido en un leopardo; la sonrisa, mi bien más escaso. Y en el bolsillo no había dinero suficiente para llenar el depósito del coche. Hacía semanas que no dormía y Marita sufría posesiones, hablaba con voz de hombre y me miraba con cara de asesina.
A mal tiempo, buena cara. Lo primero unas vacaciones. Agotamiento físico y otro entorno para pensar.
Si algo es susceptible de empeorar, empeora. Y empeoró. Y me cuestioné _-¿hasta donde puede empeorar esto?… Perdámoslo todo. Y lo perdí todo.
Ya sólo me queda ganar, no puedo perder nada mas. Hiperendeudado, sin la mujer de mi vida hasta entonces, sin posibilidad de trabajo, y cuesta abajo.
Si puedo perderlo todo, incluso lo que no tengo. Podré ganarlo todo, incluso lo de los demás.







