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Apple Color Classic.

De noche, entre copas y rock and roll. De casualidad, que es como pasan la mayor parte de las cosas importantes en la vida. Un compañero del instituto, me dice que su primo se ha montado una Agencia y busca a “un tipo que dibuje”.

Y como lo de nuestra empresa no había ido bien, decidí que a ver como se lo montan otros.

Era en la Cuesta de La Palloza. En el edificio “Torre Esmeralda”. De entrada se lo habían trabajado mas. No estaban en tan buena zona, pero tenía Portero humano y ascensor. El zulo, en cuestión, era una mesa de juntas que ocupaba casi toda la única habitación con ventanas a una pared y con la mitad de los fluorescentes parpadeando. Muy decoradito y con buena intención. Tres estirados jovenzuelos con corbatas de Mickey Mouse y tirantes. Yo con mi carpeta. No se quien estaba mas verde, pero empezamos a trabajar juntos.

Jamás había oído “freelance”. Pero ahora era uno.

Yo con un lápiz de color y unos folios normales y corrientes, me hacia unos “dibujos” que desordenados y arrugados iba llevando por sus “oficinas”. Para mi sorpresa, sin saber muy bien por que, les gustaban. Y me daban una pelas por aquellos garabatos. Días después mis garabatos estaban por la mesa hechos por ordenador y con colorines. Fue entonces cuando lo vi. Estaba allí, al fondo. En una mesa para él solo. Era el primer Mac de mi vida. Un ordenador. Un Classic Color. Nunca he usado un ordenador, pero quiero uno como este, ya!!.

Pasaron las semanas, y los meses, mientras iba sacando asignaturas. Recuerdo con cariño el culo de Cani, que era la tester oficial. Trabajaba en la oficina contigua. Cada vez que se producía cualquier cosilla, la llamaban para que diera su opinión. Y no se por que, siempre se ponía por delante de nosotros, y se inclinaba. Yo creo, que innecesaria y excesivamente sobre el trabajo.

Es curioso, como se mezclan los caminos con el tiempo. Unos años mas tarde, esta chica exuberante. Y que a mi me, daba la sensación que me subestimaba o me infravaloraba descaradamente. Me puso en bandeja mis inicios en la formación, ofreciéndome unos jugosos cursos a la nada desdeñable cuota de diez mil pesetas de principios de los noventa, por hora y para personal de La Televisión de Galicia y La Voz de Galicia.

Lo de cobrarlo es para otras historia.