
Mesas amarillo pueril.

Las charlas de cafetería, el exceso de hormonas y sobre todo la inconsciencia, hizo que la liáramos parda. Mi bien querido y por entonces compañero de clase Alfonso y otros cuantos melenudos, decidimos que ya sabíamos lo suficiente para constituir nuestra propia Agencia de Publicidad.
La cosa no tendría nada que comentar, si no fuese por que los cinco elementos con pintas de poco limpios. Y con disponer de nada que no fuese lo que cabía en nuestros bolsillos, además lo que rebosaba por nuestras bocas. Buscamos un piso. Juntando los billetes arrugados que nos daban nuestras mamas en la mesa de aquella cafetería con olor a freiduría. Nos enfrentamos a “lo fácil”, un agujero donde poner una placa en la puerta y recibir clientes a manos llenas.
La cruda realidad se enfrento con una frase muy correcta “_tienen ustedes una nómina o alguien que les avale”
De vuelta a la mesa de formica amarillo pueril relajante, de la cafería donde lo habíamos urdido todo.
Hoy, con eso que te da el paso del tiempo. [...memoria retrospectiva...]. Lo veo como mi primer master. Reflexiono, me veo en mi etapa de profesor en el CEMP y pienso en que podría animarme a mi, a ser el avalista de unos alumnos míos. Por que arriesgaría mi integridad económica, en firmar para que unos inexpertos con los que convivo unas horas a la semana, tengan lo que parece mas un picadero que una empresa con futuro.
La verdad, es que no encuentro la imagen de ningún alumno, por el que yo haría esto. Pero Juan si lo hizo. Y nos dio la posibilidad de tener aquel pequeño piso en la c/ San Nicolás. Al lado de la Calle real. Encima de una joyería peluquería.
Para mi, fue una experiencia, muy útil. Tome conciencia de las carencias y de lo mucho que me quedaba por aprender y entender. Y fue lo que realmente me activo para iniciar un proceso de formación personal, que aún no doy por terminado.








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