Destellos de fría luz.
- Julio 16th, 2006
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Destellos de fría luz.

Mientras reflexionaba sobre el descontrol de mi vida, el fin de mis años con “Ratón” el fiasco de mi sociedad con Luís, mi endeudamiento exorbitante, la denuncia del juzgado, la separación de mis padres, el desastre de empresa del que salía y el cambio de jefe. Con más sensación de pegarme un tiro que la de luchar por nada en la vida. Lo vi.
Entre los destellos de la fría luz de la televisión y haciendo un esfuerzo por asegurarme que estaba despierto. “coño! Estas tetas, no las recordaba yo así”.
Me paré a darle vueltas a lo retorcido que se vuelve todo. Una década con mi mujer tomando y no tomando. Con los motivos efímeros por los que se rompió todo y los fondos que hicieron que tonterías fuesen las piedras insalvables del camino. Durante mucho rato, pensé y repensé, repetí y reviví una y otra vez momentos efímeros. Aquel día que al dar la esquina de la calle se le ilumino la sonrisa, los besos fugaces antes de irse a trabajar, aquel mordisco en la playa, dormirme a su lado sin sexo y lo sucio inconfesable.
Reflexioné sobre que estaba del lado de la cama que no me gusta, y que mi ropa convivía en un armario junto a la de alguien que aún no se había ido. Que no tenía cepillo de dientes en aquel baño, sobre la poca confianza, sobre la apatía para ponerme en marcha. Teletienda ofrecía fantásticos útiles a precios de no poder resistir – Quién compra a esas horas?.
No hacía mucho que había entrado en aquella casa por la puerta del garaje, como un furtivo. En la silla junto a la cama, dos camisetas y un pantalón. Poco a poco las peripecias en el biplaza se iban distanciando en beneficio del colchón de látex. Y las copas hasta la madrugada mudaban en cenas con nuevos amigos. Los nuevos nombres encajando en caras.
Es curioso, como se toman las decisiones. Es fácil hacer un discurso sostenible y encontrar todos los motivos para exponer una postura. Lo verdaderamente difícil, es sobrevivir a tus propias traiciones. El salir de trabajar para encontrarte de camino de una casa que ya no es la tuya, o simplemente entrar en casa y ver que ahora, simplemente es un piso. El sobresaltarte cuando te descubres haciendo planes con alguien que ya no esta a tu lado, o que ya no cuenta contigo. El comparar lo de hoy con lo de ayer, o con lo que esperabas para mañana. Y que ese simple plan de verano, no se va a cumplir.
Y eso, días y días.
Es como cuando una comida te sienta mal. Que piensas en lo que has comido en los tres últimos días y sabes que es lo que te ha puesto retorcido en el baño. Estoy seguro que fue aquel calentón en el sofá. Y ahora, mirando con cara de jili, un cuadradito de papel en blanco y negro y preguntándome si será niño o niña.







