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- Agosto 4th, 2009
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Apenas me sobresalto al ver al agente saltar sobre el medio de la autopista. Todo un temerario, bajar de los doscientos ochenta en cien metros no es nada fácil y menos cuando llevo unos cuantos cientos de kilómetros cambiando al corte.
Apenas entiendo que dice. Le veo mover los labios pero no le escucho nada. Unos minisegundos después me doy cuenta que quizás debo bajar el volumen de la música. Y que ya no me voy a librar de la inspección completa. Así que meto la mano en la guantera y saco toda la documentación del coche, y le acompaño el permiso de conducir.?Noto la adrenalina del agente, mientras disfruto del silencio de la autopista sin coches y del sol de las cinco de la tarde. Escucho los insectos el los bordes de la carretera, y la suave brisa en las hojas de los árboles. A la vez, y como una sinfonía me resuena “Les djinns” remezclado por trentemoller entre las luces que se filtran entre las hojas verdes de verano. Unos segundos impecables,… los soplidos del agente que no encuentra ninguna anomalía en la documentación me hacen prestarle atención.
Mientras el agente se marcha hacia el coche dejándome indocumentado, puedo ver como el calor desenfoca el entorno, y el aplastante sol, hace los colores claros y nítidos con las sombras bien definidas. La composición en el marco que forma la mediana y los árboles laterales crea un poster de Thriler centroeuropeo. La figura del agente, que solo ha dejado un pie fuera del coche es magnifica.
De vuelta, me hace soplar por el alcoholímetro. El andar de “seguro que de esto no te libras” solo es comparable a la cara que le queda cuando ve los ceros. Y con los parches puedo notar como su adrenalina se convierte en ira. Ahora es cuando me veo reflejado en sus gafas, mientras intento ver sus ojos de ira a través de sus cristales. Me complace sacándoselas para escribir la multa por exceso de velocidad. Simultáneamente saco de mi billetera suficiente como para dos multas y se lo cambio por la multa. Le pregunto donde estoy, y titubea. La verdad es que no me interesa. Apenas cierro el coche con el agente intentando indicarme,… recupero “Les djinns” y salgo al corte hacia donde había dejado los doscientos ochenta y sin reducir tomo la primera curva. Por el retrovisor veo al uniformado en medio de la vía sin saber que ha pasado aún. Solo dejo de mirar por el retrovisor cuando ya no le veo.
Y al corte.
Mi imagen en sus gafas es ahora lo único que tengo en la cabeza. De píe, al lado de esto que no se sale de la carretera por mas que lo intento. Con todos esos iconos de éxito y dejadez deliberada. Sin aspavientos, sin ademanes de reto, sin chulería gratuita. En silencio. Miro cuanto recorrido le queda al marcador,… y al corte. Un flash me hace volver a mirar la aguja. Piso más, esto anda más.
El volumen se ha bajado y entra el manos libres. Había olvidado el teléfono. Esta en la chaqueta detrás. No quiero hablar con nadie. Ayer no fue una buena noche. Discutir con ella no conduce más que al final de lo conocido. Hablar de ello solo le da argumentos para abandonarlo. Con la firma de esta mañana la empresa queda definitivamente en manos de la multinacional. Se terminan dos proyectos. El que me ilusionaba y el que me animo a llevarlo a cabo. Nunca pensé en que la meta fuese así.
– Hola,..?– Hola,..?
– …Estas ahí,… me escuchas.
– Si. Dime.
– Te espero en casa. No tardes.?
– Te quiero!.
No se si podré bajar de trescientos veinte a lo suficiente para dar la curva.
– Y yo a ti!.








