el-viento

Disfrazado de Panadero

El sol cae a plomo. Silencio de sobremesa, un eco latino de telenovela suena sobre el rumor de la brisa en las hojas. Por la puerta del patio, con la rueda de atrás levantada unos centímetros del suelo para que no me delate la cadena. Cruzo la gravilla de la entrada de casa pisando las matas de hierba incipiente. Y montado dejando volar los pedales, me deslizo cuesta abajo.

Posición aerodinámica, tumbo las curvas apurando los bordes asfaltados y pedaleo con fuerza entre curvas. La brisa cálida me da en la cara. Algunos mosquitos impactan en ella.

Aprovechando los desniveles alcanzo mi velocidad punta. Llaneando el final de la cuesta giro de vuelta y a casa sigiloso como si nada pasase. Aprovecho los últimos días del verano de septiembre antes de los exámenes. Castigado, como siempre. Me escapo a mi descenso diario. Una sensación de libertad y aventura furtiva a la que le ido cogiendo el gusto. Una sensación nueva, y difícil de explicar.

Vuelvo apurando la cuesta, mirando la rueda de delante de la bici azul destartalada de mi hermano. Que me queda un poco pequeña.

Escucho el ruido de motor. Parece una furgoneta del reparto. Solo espero que no sea un vecino y espero llegar antes de que termine la telenovela. Al llegar a mi altura, reduce. Me doy por recastigado. Finalmente, continua con energía cuesta arriba y yo aprovecho para dar un empujón a los pocos kilómetros que me quedan.

Cuando llego a la pequeña llaneada que hay en el cruce, encuentro la furgoneta parada. Tiene mal aspecto. Es de un panadero, hay harina en las puertas y oxido en los bajos. Me pongo en pie para remontar los metros que faltan a casa.

Cuando ya la doy por superada, escucho que me llaman.

_ eh!..

Es un chico delgado, camiseta verde y sucia de harina y vaqueros viejos.

_ me puedes hacer un favor. Es solo un momento.

Me cuenta que si le puedo hacer unas fotos, que es un minuto. Que son para su novia que se ha ido de vacaciones. Y que el le ha dicho que tenia que ir con sus padres. Que realmente no ha podido ir por que no tenia pasta y que se ha quedado trabajando. Me da una cámara medio rota. De esas de solo un botón. Mientras me conduce a un camino junto a la carretera.

Va buscando y seleccionando un sitio donde hacerse la foto, y poco a poco veo mi bici mas lejos, y yo mas dentro del camino.

Realmente no he dicho nada aún. Escucho los grillos, y las hojas de los arboles. Me siento solo y muy lejos de cualquier sitio.

Se acerca, me vuelve a coger la cámara. Se pone a mi lado. De cerca me explica con mucho cuidado como funciona la cámara de un solo botón.

Se pone a unos dos metros de mi. En cuclillas.

_ Que tal aquí. ¿Parece que estoy de campamento?.

Sigo sin decir nada.

Sin mirarme nunca a la cara, en un gesto rápido se quita el pantalón, se queda desnudo y saca un pequeño bañador.

Apenas se coloca en el sitio que había seleccionado como set de campamento de verano. Aprieto el botón de la cámara dando a correr la película dos y tres veces. Disparo la tercera foto sin perderle ojo. Le lanzo la cámara al vuelo mientras le grito subiendome a la bici.

_Me tengo que ir,… me llama mi madre.

Ahora me ahogo de miedo a no se que.

Los escasos metros que hay desde donde estoy a la bici se hacen interminables. Pedaleo con fuerza, entro en casa por encima de la gravilla tirando la bici y saltando por la ventana a mi habitación. Escucho como arranca la furgoneta en el cruce. La veo subir despacio por la cuesta.

Cuando pasa por delate de mi ventana. Veo que lleva un trozo de papel pegado en el lado, donde esta el nombre de la panadería.

Jamás les conté esto a mis padres. Cada vez que quiero estar solo, me acuerdo de este día.