Un plan Experimental. Conejillos de indias.

Todo experimento teórico debe tener su ensayo y su aplicación en humanos. En el curso 1991/92 se aplicaba, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos Pablo Picasso de A Coruña, uno de esos ensayos. Y yo, me presente voluntario a las pruebas.

El entorno para mi, que venía de un Instituto convencional, resultó muy tentador: horario partido, un aula por profesor y aulas taller. Sinó el mas joven, era el mas inmaduro de aquel grupo de incautos.

Convivía este plan experimental con otro en vigor desde el año 1963. Los asistentes a este plan abocado a la extinción, en edad de independencia y voraces por obtener una formación simple y con oficio, que les permitiera un modo digno de trabajo, y un puesto duradero: canteros, serígrafos, ilustradores, fotógrafos. Con mas valor que el del simple oficio, llenaban las aulas. Gente de veintitantos, escuchando a los clásicos del Rock y de costumbres Naturistas. La Credence y Frank Zappa, jersey de lana, y botas de montaña. Largas charlas utópicas de sistema e ideologías setenteras.

Mis compañeros de clase, jovenzuelos como yo. Perdidos. Tendentes. La última oportunidad antes de un mercado laboral incierto y oscuro. Diseñadores Gráficos, decoradores de interiores, fotógrafos publicitarios, pijos de camisa blanca y polito Lacoste. sucios roquetas, con incipientes siniestros, todos muy exagerados. Mucho postureo. Y sobre todo, llenos de datos inútiles Todos teníamos una enorme colección de comics, discos, o lo que fuese. A cada cual mas sofisticada y desconocida, rara e inutil. Neil Gaiman con sus “Casos Violentos” (1988). Y Front242 con Front by Front (1988). William S. Burroughs o Philip Glass, de los cuales no llegaba con saber su obra, sino que era importante saber en que dirección de New York habían vivido juntos y en que extraño local habían concebido una u otra.

Durante seis años, me matricule en este centro. El primer año, además de no asistir a casi ninguna clase, descubrir como vivir en una ciudad sin dinero y estar perdido en asfalto. Lo suspendí todo.

Como es natural, en mi casa, y sabiendo que era mi última oportunidad, les dije que lo había aprobado todo. Al menos un año mas de libertad antes de la oscuridad.

Al año siguiente, aprendí a vivir en la mentira. Nunca más mentiré. Es cansadísimo.

En Abril, me di de baja en el modo asistente a clase, y me matricule en libre oyente. Esto me dio la opción de jugármela y presentarme a toda la materia de primero y toda la de segundo. Evidentemente, nada tenia que perder.

Aprobé todo lo necesario para poder matricularme en tercero al año siguiente. [reflexión] Rascándola más que el año anterior, y ojeando la materia un par de semanas antes, saqué los dos cursos. Empecé a dedicar tiempo, que no esfuerzo, a mi formación.

Vago, donde los haya o hubiese. Mas que estudiar, me dedique a entender los métodos y aquello que hacia que lo que unos aplicaban con sencillez y soltura era bueno y por que otros con esfuerzo y tesón solo obtenían frustración. Pepe, Juan o Apolinar, fueron algunos de los docentes que crearon en mi la curiosidad para aprender más y hacer de eso mi oficio y mi sustento. Cualquiera de ellos fue mas importante en mi formación por transmitirme una forma y un método de ver, que por los datos que me legaron. Gracias a ellos, o por su culpa, años mas tarde me enfrenté a la docencia.